Música para el día de sta. Cecilia 2016

Cuando escuché por primera vez la obra que abajo comento, fue tal la emoción que sentí que deseé poder tocarla algún día al piano. Años más tarde incorporé en mi repertorio el movimiento inicial de la misma, la breve “Sonatina”, en versión para piano solo. La grabación que presento pertenece a un concierto homenaje a un antiguo alumno del Conservatorio de Oliva que falleció jovencísimo tras varios años de lucha contra el cáncer.

Espero que en el día de hoy, donde todos los músicos celebramos a nuestra patrona Santa Cecilia, podamos disfrutar de esta bellísima música que nos eleva hacia lo alto, siguiendo las palabras con que comienza esta obra: “La hora de Dios es la mejor de todas. En él vivimos, nos movemos y existimos”.

Johann Sebastian Bach tenía probablemente sólo 22 años cuando compuso la cantata sacra “Gottes Zeit ist die Allerbeste Zeit” (“La hora de Dios es la mejor de todas”) BWV 106, también conocida como Actus Tragicus, compuesta probablemente durante el año que pasó en Mühlhausen 1707/1708 como organista de la iglesia de Divi Blasii, con motivo de un funeral.

La Sonatina con que se inicia la obra, en la que dos flautas dialogan entre sí sobre un fondo sonoro de viola da gambas y bajo continuo, viene continuada por una sucesión de arias y coros en los que se desarrolla todo el cuerpo dramático de esta obra funeraria, en la que se divisa el espíritu bachiano del sentido de la vida y la manera de expresarlo en música. La cantata se encuentra entre sus obras más importantes, siendo esta inspirada directamente por un texto bíblico que exhibe gran profundidad e intensidad. Alfred Dürr denomina la cantata “una obra genial, como si incluso los grandes maestros rara vez lo pudieran lograr… El “Actus Tragicus” pertenece a la gran literatura musical del mundo”.

Este es el texto que durante toda la cantata se va desgranando en los distintos movimientos:

La hora de Dios es la mejor de todas.
En él vivimos, nos movemos y existimos
hasta que Él lo quiera.
En Él morimos a la hora justa,
cuando Él lo quiera.

¡Oh Señor! Enséñanos a tener presente
que debemos morir,
y que debemos estar preparados.

¡Ordena tu casa, pues debes morir,
y no permanecerás vivo!

Es la antigua ley:
¡Hombre, debes morir!

¡Sí, ven, Señor Jesús!

En tus manos
encomiendo mi espíritu;
Tú me has salvado,
Señor, Tú, Dios fiel.

Hoy estarás conmigo en el paraíso.

En paz y alegría me iré,
según la voluntad de Dios,
alegres mi corazón y mi mente,
suave y plácidamente.
Como Dios me lo ha prometido,
la muerte será mi sueño.

¡Gloria, alabanza, honor y adoración
a ti, Dios Padre e Hijo se tributen,
en nombre del Espíritu Santo!
Y la fuerza divina
nos haga victoriosos
por Jesucristo, amén.

(Traducción: Saúl Botero-Restrepo)

Aquí está la partitura original de Bach del inicio de esta bellísima cantata: