Mes: abril 2016

Francisco Brines y Falla

BrinesWeb

Mañana jueves 28 de abril se realizará a las 20h un homenaje al poeta olivense Francisco Brines (1932) en el auditorio del Conservatori Professional de Música de Oliva, en que se presentará su antología poética “Jardín nublado”. Entre otras obras, podréis escuchar mi interpretación de la versión para piano de Manuel de Falla de la suite de “El amor brujo”. Estáis todos cordialmente invitados.

La música como mejor compañera y esencia misma de la poesía.

Francisco Brines es un poeta español nacido en Oliva, Valencia, en 1932. Estudió Derecho en Deusto, Valencia y Salamanca y cursó estudios de Filosofía y Letras en Madrid.
Es uno de los poetas actuales de más hondo acento elegíaco. Pertenece a la segunda generación de la post-guerra, y junto a Claudio Rodríguez y José Ángel Valente, entre otros, conformó el «Grupo de los años 50».
Fue lector de Literatura Española en la Universidad de Cambridge y profesor de español en la Universidad de Oxford.
En el año 2001 fue nombrado miembro de la Real Academia Española, para reemplazar la silla vacante tras el fallecimiento
del dramaturgo Antonio Buero.
Se destacan entre sus obras: «Las brasas» en 1959, «Palabras a la oscuridad» en 1967, «El otoño de las rosas» en 1987,
y «La última costa» en 1998.
Entre los premios recibidos, aparecen: el  Adonais de poesía en 1959, el Premio Nacional de la Crítica en 1967, el Premio de
las Letras Valencianas
en 1967,el  Premio Nacional de Literatura en 1987,el  Premio Fastenrath 1998,el  Premio Nacional
de las Letras Españolas
en 1999 y el  Premio Reina Sofía de Poesía 2010.

Francisco Brines


Aceptación

Saliste a la terraza
pensando que la brisa de la noche
podría devolverte al que eres siempre.
Mas la tibieza que en tu cuarto había
era un ámbito, allí, bajo la calma
de alejadas estrellas.


Olvidar pretendías unas horas
todavía recientes, la penumbra
que acercaba el latido de los dos,
y tus palabras qué serenas eran
como si a nadie las dijeses. Viste
la emoción de su rostro, su contorno
quemarse de belleza;
y esas mismas palabras te llenaban
de dolor y de sombra.


De nada te sirvió, cuando quedaste
solo, cegar la luz,
hacer brotar desde un rincón la música,
fortalecer tu fe con su joven pureza.
Sobre tu frente se rompían olas
gigantes: el calor
detenido del día,
el naufragio de un hombre que entregaba
la pasión de su vida en el espectro
doliente de la música (aún
como si la esperanza le alentase),
y te ardía el espíritu
porque sentías declinar tu vida.


Para ser el que fuiste
sales a la terraza, para ver
si un frío súbito derriba pronto
la plenitud del corazón. Tocas
el aire oscuro con los labios, oyes
los gritos fatigados de la calle,
la luminosa altura te estremece.


El tiempo va pasando, no retorna
nada de lo vivido;
el dolor, la alegría, se confunden
con la débil memoria,
después en el olvido son cegados.
y al dolor agradeces
que se desborde de tu frágil pecho
la firme aceptación de la existencia.

 

«La poesía es una educación de tolerancia que reciben los lectores»

El autor Francisco Brines recibe un emotivo homenaje en el XII Poefesta de Oliva y presenta su antología ‘Jardín Nublado’

ZOA SANZ

28 abril 2016, 23:54

Oliva. Francisco Brines, a sus 84 años, dio una lección de lucidez, serenidad y exquisito bagaje literario en el homenaje que le realizó el Poefesta en Oliva, su ciudad natal. En un abarrotado Conservatorio Musical Joan Climent, el poeta presentó en la tarde de ayer su antología ‘Jardín Nublado’, recientemente publicada por la editorial Pre-textos, que recoge una muestra representativa de los versos de Brines junto a una selección de poemas inéditos. Todos ellos, con una gran carga de musicalidad, sensibilidad y humildad.

El escritor, que ha sido reconocido a lo largo de su trayectoria con prestigiosos galardones como el Premio Nacional de Literatura o el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, explicó ayer a LAS PROVINCIAS su particular visión de la poesía. Esta, según subrayó, es «una educación que reciben los lectores de tolerancia porque el poema puede dar una visión del mundo contraria a la nuestra, pero nos emociona igualmente porque nos emociona todo lo humano». Un ejemplo: un lector creyente puede vibrar con un poema agnóstico o ateo y viceversa.

El autor, que ostenta el título de Fill Predilecte de Oliva siempre que ha podido ha estado presente en el Festival de Poesía Poefesta, que alcanza ya su duodécima edición, pero esta cita es especial porque a él se le ha dedicado una jornada. «Me alegra saber que estoy un año más. Este es un favor que me han hecho los organizadores, quizá por la edad», relata con modestia. Pero lo importante, según apuntó, es que con iniciativas como esta la poesía se ve como una cosa si no cotidiana, sí normal «en un pueblo que es principalmente agrícola». «Y a mí me alegra mucho saber que la gente valora la poesía y la literatura».

Manuscritos Albéniz

Un placer encontrar, entre algunas piezas de Iberia, los manuscritos de La Vega y la incompleta Navarra. Obras emblemáticas del repertorio albeniciano y que forman parte íntima de mi vida artística ya desde la primera juventud.

Inicio de La Vega, exquisito tránsito al estilo tardío de Albéniz.

En el siguiente link, perteneciente a la web de la World Digital Library, se aloja el volumen de casi 200 páginas manuscritas a una cara por el gran compositor de Camprodón. Entre ellas también se encuentra la orquestación del propio Albéniz de El puerto, segundo número del primer cuaderno de Iberia.

https://www.wdl.org/es/item/14185/

Navarra, dedicada a la gran pianista Marguerite Long.

Isaac Albéniz (1860−1909) fue el primer compositor en valorar y promover la música española como música universal, más allá de la esfera nacional. Iberia, un conjunto de 12 composiciones para piano publicadas en cuatro libros, es su obra más representativa. Su primer título fue Espagne, y a veces se la llama Suite Iberia por el hecho de que la orquestación de estas piezas se reunió en cuatro suites. Compuso la serie para piano en París y en Niza, donde vivió con su familia entre diciembre de 1905 y enero de 1908. La obra fue interpretada por primera vez entre mayo de 1906 y enero de 1909 por los pianistas Blanca Selva y Joaquim Malats, que completaron el ciclo solo tres meses antes del fallecimiento del compositor. Édition Mutuelle, bajo la administración de los hermanos Castéra, publicó los libros. Albéniz revisó la segunda tirada de la primera edición, que también incluyó cambios en los grabados realizados por su hija Laura, y determinó el orden definitivo de las 12 composiciones. El manuscrito que aquí se presenta se encuadernó según el orden de composición, y contiene las primeras obras del tercero (El Albaicín) y del primero (Preludio, más tarde llamado Evocación), además de las tres obras que corresponden al cuarto libro (Málaga, Jerez y Eritaña) junto con Navarra, composición que iba a formar parte del cuarto libro, pero finalmente fue rechazada. El manuscrito añadió la segunda obra (El Puerto) del primer libro en versión orquestal y La Vega, de la suite La Alhambra. La colección personal de obras de este compositor y pianista fue donada a la Biblioteca de Catalunya por su viuda, Rosina Jordana, en 1927.