“TRES PIEZAS AMANTINAS” para piano de ANTÓN GARCÍA ABRIL en el Palau de les Arts de Valencia, 5.6.2014

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Uno de los momentos más especiales del próximo recital “La música, expresión de amor” será la interpretación de este maravilloso ciclo del compositor español Antón García Abril, turolense y músico universal que llevo conociendo y estudiando desde hace varios años y, sin duda alguna, constituye una de las cimas de la composición musical contemporánea.

Las Tres piezas amantinas que nos ocupan (compuestas en 2005) están inspiradas en el tema del amor, en la historia contada en el Teruel medieval y que continúa siendo un símbolo de esta ciudad: Los amantes de Teruel y el amor que perdura.

[…] A la joven le vino al pensamiento cuánto la quería Juan y de cuánto había hecho por ella, y que por no quererlo besar había muerto. Acordó ir a besarlo antes que lo enterrasen; se fue a la iglesia de san Pedro, que allí lo tenían. Le descubrió la cara apartando la mortaja, le besó tan fuerte que allí murió. Las gentes que veían que ella, que no era parienta, estaba así sobre el muerto, fueron para decirle que se quitase de allí pero vieron que estaba muerta. El marido contó a todos a los que había delante el caso según ella se lo había contado. Acordaron enterrarlos juntos en una sepultura.

(de la leyenda de Los amantes de Teruel).

Mausoleo de los Amantes de Teruel

Mausoleo de los Amantes de Teruel

Esta obra está configurada en tres piezas, pudiéndose interpretar a modo de tres movimientos como si de una sonata se tratase -Allegro, Allegretto, Allegro-. La primera pieza, Allegro, tiene la constante de la ejecución de grandes extensiones representadas por abundancia de acordes y octavas desplazadas a través de los diferentes registros del piano:

En este primer movimiento, lleno de brío, se combinan el marcado e insistente ritmo de los acordes de la mano derecha que acompañan al tema de la izquierda, también con acordes de octava en que sí aparece la quinta pero nunca la tercera, con el carácter cantabile a modo de copla del segundo tema, anticipado ya en el compás 39:

y que se verá inmerso en conflicto con el primer tema en los compases posteriores hasta que se llegue a la propiamente dicha copla de la segunda sección (c.78):

Tras la conclusión de la copla y la sección puente (cc. 102-117) que nos conducirá a la tercera sección o reexposición del tema principal (cc.118-146), García Abril propone una coda final (cc. 147-159) para concluir este primer movimiento abriendo así espacio al intimismo y diálogo amoroso que se producirá en la segunda pieza amantina.

Como segundo movimiento de este tríptico, el Allegretto a modo de passacaglia nos mantiene en un ambiente medieval, preludiado en el primer movimiento con las fanfarrias festivas que acompañaban al tema principal, y presenta un tejido melódico-lírico que se va enriqueciendo hasta la eclosión amorosa del clímax central. El tema inicial, contemplativo, susurrante y enunciado en la exposición en el registro central primero y luego a una octava superior (cc.1-15), abrirá el arco de los 101 compases que integran este movimiento, como un suspiro que genera toda la emoción audible a través de estos pentagramas:

En los cc. 25-32 presenta el tema variado y en sentido descendiente, introduciendo la segunda sección (cc. 33-66) en la que la segunda voz que aparecía sutilmente anteriormente toma protagonismo y se hace patente el diálogo entre los amados:

Este episodio nos llevará a la culminación en los cc. 58-66, bruscamente interrumpida y que dará paso a la reexposición del tema inicial en sus dos enunciados (en los registros central y agudo del piano tal y como aparecía en la exposición) y a la coda del movimiento (cc. 82-101), en la que junto a unos misteriosos y timbrados acordes aparece la cabeza del motivo del segundo tema del primer movimiento, que elaborará en los compases finales hasta la extinción sosegada con el calderón final.

El último movimiento que conforma este tríptico es un brillante Allegro, de gran virtuosismo y una escritura pianística de calibre orquestal. Consta de cuatro secciones totalmente diferentes que presentan el variado material en diferentes elaboraciones. El tema inicial, que inaugurará una primera sección ininterrumpida de 101 compases, parte del mezzopiano, exponiendo primero el motivo en la derecha y ocho compases después la respuesta en la izquierda:



Tras diferentes episodios en los que ha desarrollado y transformado esta célula y la aparición de una breve segunda sección en acordes partidos y amplias sonoridades, incorpora un interludio contrastante que inaugurará la tercera sección, haciendo uso de un motivo ascendente en dos cuartas y una tercera que evolucionará en sentido descendente para terminar su exposición (cc. 101-157):

Y la respuesta a este motivo aparece en sentido inverso y con la predominante utilización de intervalos de cuarta como mostramos a continuación:

Será este motivo en cuartas el que genere toda la amplia sección de clímax (cc. 158-198), pasando por los centros tonales de mi b., si b. y re b. (después por enharmonia do #). Es este un episodio de mucha densidad sonora, una exaltación dramático-amorosa que el autor escribe en tres pentagramas simultáneos, y que requerirá un dominio de los planos sonoros para mantener la relación en cada uno de los bloques y su direccionalidad a través de una sección de progresiones de séptimas de dominante que desembocará en el último periodo.:

El último episodio (cc. 199-304), cuarta sección a modo de finale de esta pieza y del ciclo Tres piezas amantinas, es de carácter muy rítmico y combina constantemente los compases de 4/8, 6/8, 3/8 y 5/8 bajo el centro tonal de re:

El ciclo Tres piezas amantinas constituye una obra importante tanto desde el punto de visto compositivo como pianístico, siempre dentro de la creación para piano en línea con la tradición de los grandes autores españoles como Granados (poetismo de la segunda pieza), Mompou (intimismo de la tercera sección de la última pieza y sutileza y economía de medios en la segunda) y también del pianismo internacional de Debussy (riqueza armónica de acordes superpuestos del final de la segunda pieza) o Strawinsky (sección final de la tercera pieza, con insistentes ritmos y superposiciones rítmicas irregulares), explotando todos los recursos pianísticos y técnicos para conseguir una creación de alto nivel interpretativo y dramático.